Otra vez la educación, otra vez la contrarreforma, otra vez el esfuerzo y el gasto como coartada. Por favor dejen ya de condenar el futuro para los más débiles, dejen de abrir la puerta a los mercaderes de nuestro templo, el de la igualdad de oportunidades, el de la convivencia y la tolerancia, el templo que nos permite crecer con una ilusión, podemos ser iguales.
Y llega Wert, un ministro alumbrado por las sotanas y la élite, para hacernos entender a los mortales que inversión y calidad no van de la mano, que la libertad es el valor fundamental y el esfuerzo es el camino. Su regla es la reválida, como confesión continua para salvar de la penitencia a quien la supera o condenar al rezagado, y grita desde el púlpito; -El fracaso es historia.
Ahora habrá un lugar para cada uno, un lugar donde uno estará ocupado para así no sentir que ha fracasado. Y el Estado, culpable de esta sensación quedara indultado por la gracia de Dios. Ya no habrá sensación, solo ocupación. Unas, mas gruesas, que pagaran por el derroche y una temprana elección, con una deuda de esfuerzo que deberán amortizar a lo largo de su vida. Otras, mas finas, que verán recompensada su acertada elección y esfuerzo, generando plusvalías desde temprana edad.
Lástima que esta bonita historia sea la historia del fracaso, ese fracaso que se pretende dignificar con itinerarios directos al precipicio, ese fracaso que tras el número esconde el drama humano Sr. Ministro.
Y desde la calle se grita; -La historia del fracaso.
Que se puede reprochar a una madre, a un padre, que de forma temprana han tenido que comenzar a pagar su deuda de esfuerzo, que se puede reprochar a unos abuelos, a unas abuelas que bajo la represión y el miedo han tenido que aceptar que sus hijos no estudiarán, que se puede reprochar a unos estudiantes que tras la eterna promesa de las oportunidades descubren el abandono obligado por falta de medios.
No saben que es igualdad, solo conocen su igualdad, tampoco saben lo que es la libertad, solo su libertad les importa. Entonces hablemos de oportunidades, o de oportunidad.
Las oportunidades son caras Sr. Ministro, las oportunidades son el principio elemental de la libertad, son los cimientos sobre los que se sujeta nuestro desarrollo, se pueden enfrascar, etiquetar o empaquetar, se pueden contabilizar y vender, se pueden comprar. Con las oportunidades se ha jugado de múltiples formas a lo largo de la historia.
Permitir que un amigo organice fiestas en espacios públicos sin cumplir los requisitos necesarios es una oportunidad, indultar a quien tortura es una oportunidad, vender la gestión de la sanidad publica es una oportunidad para quien la compra, permitir la selección del alumnado a centros financiados con fondos públicos es una oportunidad para estos centros. Hay todo un mundo de oportunidades en las políticas de este gobierno.
El problema surge con el reparto de las oportunidades, en definitiva, las oportunidades pueden llevar a la obtención de riqueza, y ya se sabe lo que pasa con la riqueza. Nuestra Constitución bien claro dice que somos iguales, hasta nuestro Rey lo dice, eso si, en Navidad.
Sr. Ministro detrás de su interés por salvaguardar la libertad se esconde el negocio de los amigos, de los iluminados. La mercantilización de otro derecho, la educación, con su política hará que solo puedan cursar estudios universitarios quien pueda costearlos, y esto hace que el esfuerzo sea imposible para muchos y liviano para unos pocos. Lo sabe, y nosotros sabemos que lo sabe. Entonces me pregunto ¿Sabe ud. las limitaciones de su cargo, o entiende que tiene un cargo sin limitaciones?
Pare ud. en su empeño o le pararán desde la calle.
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